Seis razones para dejar la ciudad y vivir en el campo

 

Si estás pensando en dejar la vida en la ciudad para encontrar una mejor calidad de vida en el campo, ¡hazlo! Sin dudas la encontrarás. El campo es armonía, pureza, calma, lentitud, conexión. Será como retornar a ti, a tu esencia, sin el ruido que nubla y ensordece el alma tan característico de las ciudades. Reencontrarte con tus verdaderas necesidades, mirar a los ojos tus emociones, sin filtros ni "prozac". Reconocerte.

En mi caso que encontré fue eso y muchas cosas más. En esta entrada me gustaría compartir contigo aspectos más prácticos y menos personales de dejar la ciudad para vivir en el campo. He hecho esta especie de lista con seis razones, para mí importantes, para hacerlo.

 

  • Más calidad de vida

Estar en el campo es salir del estrés y prisas de la ciudad.

Pasamos de las prisas y la contaminación de Barcelona a vivir en un entorno tranquilo y rodeados de naturaleza. Respiramos aire limpio. Tenemos más intimidad, libertad y espacio vital. Durante el día se oyen pájaros, águilas, halcones. Escuchas vacas y ovejas. En la noche se oye el ruido del bosque, los búhos, las ranas y sapos, los erizos escarbando la tierra. No se escuchan sirenas, ni gritos, ni motores, ni camiones de basura, ni autobuses gigantes que dejan tras de sí un rastro de humo.

Dejas de comprar placer y empiezas a encontrar placer en ti mismo, en las cosas que haces. Los bares, restaurantes y centros comerciales pasan a ser historia. Ahora el placer nos lo brinda una buena comida hecha con productos del huerto, un amanecer o un atardecer en silencio, una caminata por el bosque.

Los desplazamientos habituales se han reducido a hacer la compra una vez a la semana. Ahorramos combustible y contaminamos menos. También tenemos más tiempo para nosotros, para leer o hacer cosas que nos interesen.

  • Producir tus propios alimentos

Para mí esta es una de las razones fundamentales de dejar la ciudad y vivir en el campo.

Tener la posibilidad de elegir completamente los alimentos que consumes, y encima conocer en todo momento el proceso por el cual han pasado, es un lujo inestimable.

En el aspecto económico, un huerto es una gran inversión. Ahorras cientos de euros al año en compras, transporte, impuestos (IVA), ya que lo de tener que ir a una tienda para poder comer hace parte del pasado.

Por último, tienes la oportunidad de trabajar con la tierra, estar en contacto directo con ella y la naturaleza, sentirla, manejarla. Cuando paso horas en el huerto es como una meditación. Me voy a la cama relajado, liviano, con la mente en calma.

 

  • Tienes más tiempo para invertir en ti y en tu familia

Como decía antes, las horas que te pasas desplazándote de un lado a otro por la ciudad desaparecen de tu vida. Es increíble la cantidad de horas al día que perdía yendo de aquí para allá. Ahora me doy cuenta...

También ganas más tiempo haciendo las cosas del día a día, ya que al estar en casa la mayor parte del día te organizas mejor y te vuelves más eficiente.

Estas horas extras que le robas al día se vuelven un regalo. Esto me ha permitido tener tiempo para alimentarme más mental y espiritualmente. También me ha ayudado a que la relación con mi pareja madure, ya que tenemos más tiempo y espacio para conocernos, hablar y aceptarnos.

 

  • Mejores servicios públicos

Dejando de lado el transporte, ya que dependes sí o sí de vehículo privado, la calidad y atención de los servicios públicos son inmensamente mejores comparados con una gran ciudad.

Recuerdo las horas de espera en cualquier centro de salud o edificio burocrático que teníamos que sufrir cuando vivíamos en Barcelona. Para finalmente, terminar siendo atendido por una persona totalmente antipática, quemada por pasar horas y horas atendiendo a otros sin parar.

Donde ahora vivimos la atención es casi personalizada. Con mi pareja nos reímos imaginando que tienen tan poco trabajo que te llaman incluso para saber cómo va tu día. No llega a ese extremo, pero casi. La gente que te atiende en general es amable y agradable, dispuestas siempre a ayudarte. No hay prisas -ni en la cola del supermercado-.

  • Te vuelves más autónomo y autosuficiente

Ésta es una consecuencia de tener que organizarte mejor y ser más proactivo. Todo se planea con tiempo, incluso la compra semanal.

Al estar un poco lejos de la civilización tiendes a la autosuficiencia. Sin quererlo te vuelves manitas. Adquieres un montón de conocimientos que antes ni se te pasaban por la cabeza. Aprendes sobre agricultura, sobre las fases lunares, sobre el clima y las estaciones. Aprendes sobre construcción, sobre tuberías, calefacción y electricidad. O al menos ese ha sido mi caso.

 

  • Otro estilo de vida

Para mí ha sido un descubrimiento. De repente te encuentras con personas más cercanas, amables. Saludas a los vecinos, sabes quiénes son. Te echan una mano cuando hace falta y también se las echas tú a ellos cuando lo necesitan. Siempre dispuestos a ayudar, a explicarte todo lo relacionado con el campo y a aconsejarte.

Sin quererlo ni buscarlo nos hemos encontrado viviendo en una comunidad. Atrás queda la neurosis competitiva de la ciudad.

 

Creo que esas son unas buenas razones para tomar la decisión de dejar las "comodidades" y "facilidades" de la ciudad por una vida en el campo. O por lo menos esas han sido algunas de peso para mí. Si tú tienes otras razones y quieres compartirlas con todos nosotros puedes hacerlo en nuestro facebook.

 

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