Método para acompañar la frustración en los niños

 

La entrada de hoy es un método para trabajar con los peques la frustración. Con esta dinámica de inteligencia emocional podremos ayudarles a afrontar situaciones donde la frustración se apodera de ellos ocasionando pataletas o agresividad.

Es muy fácil de realizar, sólo hace falta meterse en el papel y hacer un poco el payaso. Creyéndonoslo y haciéndoselo creer al él. Por suerte su gran imaginación e inocencia jugarán de nuestro lado. Además, cuando nuestro hijo nos vea actuar de forma poco normal, con total seguridad se sorprenderá y nos prestará atención. Ese es el momento que debemos aprovechar para incitarlo a jugar con nosotros.

La dinámica se llama "El Monstruo del Enfado".

La podremos utilizar cuando detectemos que nuestro hijo está entrando en un estado de rabia y frustración. Cosa que sabremos reconocer fácilmente porque ya conocemos ese estado a la perfección y sabemos cuáles son sus consecuencias ☹.

En ese momento, una vez detectado el estado emocional que se avecina, vamos a ponernos, con mucha exageración y total convencimiento, a buscar el Monstruo del Enfado. Lo buscaremos cerca de él, mirando debajo de la mesa o el sofá, debajo de las mantas, o cualquier otro sitio donde ese molesto monstruo se pueda esconder.

En este punto, con total seguridad nuestro hijo estará sorprendido y nos preguntará qué estamos haciendo. Este será el momento oportuno para decirle que estamos buscando un monstruo pequeñito que es muy molesto, que nos hace sentir mal y no nos permite pensar y comunicarnos con claridad. También le diremos que estamos seguros de que está cerca porque vemos que él se está enfadando.

Procederemos a buscar el monstruo en su pelo, en sus pies, debajo de su camiseta, por los brazos, las axilas, por todo el cuerpo. Haciéndole un poco de cosquillas y muchas caricias. Por último le preguntaremos si lo ha visto o si lo ha sentido. Le diremos que cuando el Monstruo del Enfado nos muerde sentimos rabia, cosas en la pancita y tenemos ganas de ser agresivos.

Procuraremos llevar al niño a un estado de autobservación para que empiece a reconocer ese estado emocional.

Le permitiremos expresarse con libertad y le ayudaremos en el proceso de forma activa a través de preguntas como: ¿qué sientes?, ¿dónde lo sientes?, ¿qué crees que te haría sentir mejor?

Le daremos atención plena y comprensión. Debemos ser empáticos con sus límites para poder entender por qué se sienten así. También evitaremos centrarnos en la fuente del problema. Preguntas como: ¿por qué te sientes así?, ¿qué quieres que haga por ti?; son contraproducentes.

Se trata de enseñarle que el estado emocional en el que se encuentra es suyo, solamente suyo, y por lo tanto está en su poder cambiarlo para sentirse mejor.

Recuerda que esto es una guía y que la forma que tienes de comunicarte con tu hijo es única y tú más que nadie conoce la mejor manera de hacerlo. Así que siéntete en la libertad de cambiar las expresiones y la manera en la que actúas. Eso sí, ¡ten siempre presente el objetivo de la dinámica!

Los niños son seres naturalmente simples e inteligentes. Y en esta simpleza está la sabiduría más profunda. Allí dentro está la fuente del autoconocimiento y de la felicidad.

Con la práctica de este ejercicio y su propio desarrollo conseguirá una herramienta valiosísima para toda la vida. Serán sus primeros pasos para ser un ser responsable de sí mismo, resiliente y estable emocionalmente.

Espero que te sea útil y que lo apliques con amor y paciencia.

 

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