Desarrolla tu fuerza de voluntad

 

Hoy me he despertado pensando en la fuerza de voluntad, el motor que nos impulsa a escoger el camino por el que deseamos transitar y no quedarnos sentados mirando cómo la vida pasa.
Muchos de nosotros nos encontramos en momentos en los que nuestra fuerza de voluntad flaquea, ya sea por circunstancias concretas o porque a lo largo de nuestra vida no hemos aprendido a ejercitarla.

Reflexionando y pensando sobre este tema, siento que para desarrollar la fuerza de voluntad, el primer paso es profundizar en este concepto. Sólo en el momento en el que somos concientes de nuestras limitaciones, somos capaces de trasformar la situación. Por lo que creo que la clave es analizar de dónde nace y descubrir qué me impide actuar con fuerza de voluntad. Te invito a reflexionar juntos y descubrir nuestros condicionamientos personales.

¿Porqué me cuesta tanto empezar las cosas y cómo puedo revertir la situación?

Casi siempre que queremos tenemos una intención y preferimos no empezar o lo dejamos a medias es por miedo a fracasar. Cuantas veces hemos escuchado en nuestra cabeza, ¿para qué esforzarme tanto si al final no lo conseguiré o fracasaré y bla bla?. Si nos descubrimos pensando de esta manera, lo cual es bastante recurrente, podremos entender por qué actuamos así y tendremos el poder para revertir la situación.

Si intentamos escucharnos lo más probable es que encontremos más respuestas en nuestras profundidades. Generalmente detrás del miedo al fracaso hay un sentimiento de no merecer. Pensamos que no merecemos estar en ese lugar o conseguir X objetivo. Este es un pensamiento muy sutil pero, sin lugar a dudas, es muy poco motivador. Pensando así estamos focalizando nuestra energía en un pensamiento que nos debilita y nos desenfoca de nuestro objetivo.

Necesitamos transformar nuestro discurso interno, porque es éste el que nos impide hacer las cosas que queremos. Ojo, que cuando digo transformar, no estoy diciendo que rechacemos ese pensamiento, sino que lo miremos de frente. En el momento en el que sabemos que tenemos este sentimiento de no merecer, debemos aceptarlo y validarlo, así perderá fuerza de forma natural. 

Teniendo claras las limitaciones que nos impiden avanzar, otro punto a tener en cuenta es el realismo. Cuando hablo de realismo, me refiero a ser realistas dentro de nuestras circunstancias personales. Nosotros nos conocemos mejor que nadie, conocemos nuestros patrones mentales destructivos, de lo cual hablamos en otra esta entrada Deshaciendo patrones mentales destructivos. Intentar descubrir cuáles son nuestras expectativas puede ser de gran ayuda para nosotros. A veces nos ponemos expectativas tan altas, que nos quedamos sin fuerzas antes de empezar. También debemos pensar en los tiempos que necesitamos para avanzar hacia donde deseamos,  seamos realistas dentro de nuestro contexto personal. Hacer todo esto es una manera de querernos y cuidarnos, ya que nos estamos escuchando y dando tiempo, aceptando nuestros ritmos y procesos individuales. Y actuando de esta forma podemos evitar futuros sentimientos de frustración.

¿Cuál es el motor que pone en marcha la fuerza de voluntad?

Después de todas estas preguntas y respuestas internas a través de la escucha interna de mis pensamientos, comprendo claramente que el eje central de la falta de fuerza de voluntad es nuestro amor propio. Amarme a mí misma es lo que me hace impulsa a llenarme de fuerza de voluntad y caminar hacia donde quiero ir. Y, a su vez, la fuerza de voluntad aumenta mi amor propio y actúa de forma positiva en mi vida. El hecho de querer lo mejor para nosotros enciende los motores de nuestra fuerza interna.

 ¿Cómo puedo desarrollar mi fuerza de voluntad (y hacer de ello un hábito)?

Si realmente deseamos que cobre vida nuestra intención, sea material, espiritual o de cualquier tipo, debemos dejar de lado la pereza, la cual nos demuestra nuestra falta de amor, y empezar hoy mismo. Para conseguirlo, te daré un gran truco que te puede ayudar a dar el primer paso:

Existe un método japonés, llamado Kaizen, que consiste en hacer durante un minuto al día aquello que siempre postergamos o aquello que deseamos mucho conseguir pero nos da pereza hacer, etc. Entonces, si por ejemplo deseamos meditar todos los días para estar más presentes y más relajados, pero nunca encontramos tiempo para hacerlo, con este método ya no hay excusas. Es muy probable que dispongamos de un minuto de nuestro día para destinarlo a hacer aquello que tenemos en mente. De esta manera, si todos los días meditamos durante 1 minuto, con el paso de los días haremos de ello una costumbre. Es muy probable que a través de la repitición diaria de esa acción, con el tiempo le acabemos dedicando más minutos diarios. Con lo cual nos sentiremos más plenos y llenos de vida.

Si ponemos en práctica este método llegaremos a ser conscientes que es mucho más positivo ponernos manos a la obra todos los días aunque sólo sea un minuto. A medida que practiquemos diariamente nuestra fuerza de voluntad más aumentará el amor hacia nosotros mismos.

Como bien sabemos, no se necesitan tantos días para crear un hábito. Según algunos estudios realizados, los hábitos se forman a partir de los 21 días de repetición.

¡No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy! EMPIEZA HOY.

 

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