Dejar la ciudad para vivir en el campo

 

Recuerdo hablar en muchas ocasiones con mi pareja sobre la posibilidad de irnos a vivir al campo. Dejar todo lo que nos ataba a la ciudad: familia, amigos y trabajo; para buscar un lugar donde poder hacer algo diferente con nuestras vidas. Hacer lo que siempre habíamos querido hacer.

En estas conversaciones había algo de miedo e indecisión. Se trataba de una aventura en toda regla. Era como un salto de fe. ¿Dejaríamos todas las comodidades y facilidades de la ciudad por una aventura en el campo? La respuesta fue un rotundo sí. Teníamos que hacerlo. Ambos deseábamos salir de un trabajo que no nos llenaba y buscar hacer de nuestro tiempo algo mucho más productivo y, sobre todo, hacerlo con entusiasmo.

Vivíamos en Barcelona en un piso de alquiler, pagando mucho más de lo que la vivienda valía.  Primero avisamos a la propietaria que nos iríamos en un par de meses y también a nuestros jefes. Después nos pusimos a buscar el entorno y la casa que queríamos.

Lo hicimos así porque de alguna manera nos obligábamos a tener que pasar a la acción. A dejar de soñar y empezar a concretar.

Lo más importante en la decisión era el lugar donde viviríamos. Ya estábamos cansados de la contaminación de la ciudad. De ver cemento y coches por todas partes. Queríamos vivir en un lugar verde y rodeado de naturaleza. Así que optamos por buscar en el lugar más verde de España: Asturias.

Y porque la vida es así -cuando algo tiene que ser, será-, encontramos una casa a las puertas de un parque nacional, rodeada de fincas agrícolas y ganaderas. Perdidos en el monte pero con todas las comodidades del siglo XXI. ¡Vaya suerte!

Dejamos una ciudad grande y cosmopolita como Barcelona, con todas sus prisas y ajetreos, por una casa de piedra donde lo único que se escucha son ovejas, vacas y águilas. Donde el agua corriente es de manantial. Y donde puedo despertarme, salir al patio e inspirar profundamente sin miedo a marearme por el humo de los coches.

¿Por qué dejar la ciudad para vivir en el campo?

La respuesta es simple: porque tendrás mejor calidad de vida. Todo es mucho más sano. Puedes tener tu propio huerto, cosechar tu propia comida, vivir con un ritmo mucho más tranquilo, compartir en lugar de competir, etcétera, etcétera.

Si quieres conocer más razones para dejar la ciudad por el campo puedes hacerlo en mi entrada sobre las 6 Razones para dejar la ciudad e ir a vivir al campo.

 

Pros y contras de dejar la ciudad para vivir en el campo

Si pongo en una balanza los pros y contras de tomar esta decisión, estoy seguro que la balanza se inclinará hacia los pros fácilmente. Si quieres conocer en detalle mi punto de vista sobre los pros y los contras de este cambio, puedes hacerlo en Pros y contras de dejar la ciudad para ir a vivir al campo.

 

¿Cómo es la vida en el campo para un urbanita?

Diferente.

¿Mejor? Para mí, ¡sí!

Dejas atrás el estrés de la ciudad y te acompasas con los ritmos de la naturaleza. Las prisas hacen parte del pasado. Recibes el alimento directamente de la tierra, no del supermercado. Te sientes relajado. Las personas que te rodean no van con prisas ni en una competición constante. Recuerdas que hay algo muy bonito en la humanidad llamado compartir y solidaridad. Te das cuenta que las comodidades que creías absolutamente necesarias para tu bienestar no eran más que ilusiones.

Después de un año, nuestra aventura continúa en tierras asturianas. Felices y agradecidos con la vida. Llenos de ilusión y entusiasmados por el camino que estamos recorriendo. Han sido todo cambios. Siempre positivos.

Hemos tenido la oportunidad de conocernos mejor a nosotros mismos, mejorarnos en muchos aspectos. Ahora somos tres. Ahora tenemos una nueva oportunidad para crecer y para hacer de este mundo un lugar mejor. Estamos convencidos que nuestro granito de arena para ayudar a esta sociedad y a este hermoso planeta es único y necesario, por esa razón debemos continuar por la senda.

Deseo que esta entrada te haya inyectado ganas para dar el paso de buscar tu libertad. Deseo que si tenías dudas, éstas se hayan dispersado y ahora sientas la llamada de la naturaleza y te dejes llevar. Confía en ella. Es la llamada de tu paz y tu bienestar.

 

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