Dale un propósito a tu día

 

Cada día lo iniciamos pensando en las cosas que debemos hacer: ducharnos, preparar a los niños para el cole, los objetivos en el trabajo para ese día, o a lo mejor una cita con un amigo. Planeamos mentalmente a grandes rasgos, pero a la vez en hechos concretos, lo que será de nuestro día. Esto hace que nuestra energía y esfuerzos se dirijan a conseguir los objetivos que nos hemos marcado para ese día.

Lo interesante de esto es que el esfuerzo y la energía se canalizan de forma inconsciente. Nuestra mente está preparada para conseguir los objetivos marcados sin que nosotros la tengamos que estar guiando o recordando lo que tiene que hacer.

Lo "mágico" reside en el propio funcionamiento de la mente, la cual trabaja de forma selectiva, centrando sus esfuerzos en encontrar las circunstancias, las personas y los objetos adecuados para conseguir llevar a cabo sus objetivos. Es como una especie de ley de atracción, o como dirían los físicos cuánticos: el observador influye en el comportamiento de lo que observa. Por lo que todo lo necesario para conseguir lo que has planeado aparecerá.

Dicho y asumido esto ya podemos hablar del título de esta entrada: Dale un propósito a tu día. ¿Por qué y cómo se consigue?

La respuesta a la primera pregunta es fácil: porque te sentirás mejor, sentirás que tienes control sobre tu vida y desarrollarás la capacidad de crearte cada día como la persona que de verdad quieres ser.

En cuanto al cómo, se trata de darle un propósito general a tú día sin entrar en particularidades. Pongamos por ejemplo que hoy me quiero sentir bien: entonces ese será mi propósito del día. O a lo mejor hoy me quiero sentir generoso, o en paz, o amigable, o un largo etcétera. Todos estos son propósitos para tu día. Tú lo eliges y tú lo llevas a cabo.

Por lo general no pensamos en eso, tal como dije al principio, sino que nos centramos en los aspectos prácticos del día a día. Si por el contrario marcamos un objetivo general para el día lo que sucede es que, de la misma manera que cuando marcas objetivos concretos y particulares, tu energía mental se canaliza para conseguirlos, la mente inconscientemente se encargará de recordártelo y de conducirte a la consecución de tu propósito.

Cuando no marcamos un objetivo general para nuestro día, nuestra mente, en lugar de dirigir y tener claro hacia donde se encaminan sus esfuerzos, toma el papel de espectadora de lo que sucede, recibiendo todas las experiencias sin tener un filtro que le dé sentido. Por eso cuando termina el día y nos metemos en la cama nos quedamos recordando los sucesos del día intentando darle un sentido.

Por otro lado, cuando practicas el propósito diario tu mente se centra solamente en ello, tus esfuerzos se centrar en dicho propósito, y cuando llega la noche sentirás la satisfacción de haber trabajado por un objetivo y de haberlo conseguido.

Como todo en esta vida, este ejercicio es cuestión de práctica. Y como bien dice el refrán: la práctica hace al maestro. Verás cómo poco a poco esta práctica se convierte en un hábito en tu vida y comenzarás a hacerte más responsable de las cosas que te ocurren y, sobre todo, de cómo actúas frente a ellas.

Recuerda lo insatisfactorio y deprimente que es la sensación de sentirse a la deriva, a merced de cualquier aspecto de tu vida, sin tener tener el timón que nos dirija hacia donde de verdad anhelamos.

Con esta práctica empezaremos con un poco de escepticismo, observando mucho nuestros pensamientos, y recordando el propósito que elegiste para ese día. Recuerda que es un trabajo mental de voluntad. Así que céntrate en mantener tus pensamientos alineados con el propósito del día. Recuerda preguntarte antes de actuar o tomar una decisión ¿qué decisión me acerca más a mi propósito del día? Si por ejemplo te encuentras en una situación que está alterando tu paz, y tu propósito para ese día ha sido estar en paz, verás como tu mente te lo recordará y cómo te verás trabajando para que esa situación no te perturbe, no escale emocionalmente y termines reaccionando como lo has hecho siempre.

Ten siempre presente que tus actos y emociones dependen sólo de ti, de nadie más ni de nada más, no hay hecho o persona que pueda influir en tu interior sin que tú se lo permitas. Sólo tú tienes la llave para decidir en tu vida, en todo momento. Recuerda que el poder está en tu voluntad, por lo que está en tus manos alcanzar tu propósito diario.

En caso de que consideres que no tienes voluntad o que te falta un poco, éste es un buen método para practicarla. Que tu propósito del día sea tener voluntad.

 

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