INICIO | CRIANZA CONSCIENTE | LA ATENCIÓN PLENA Y NUESTR@S HIJ@S

La atención plena y nuestr@s hij@s

 

 

Paso muchas horas del día sumergido en el trabajo, con la tensión, con el estrés, con la necesidad de estar atento y focalizado para ser productivo y eficiente. Y cuando llega el momento de descornectar, de ir a casa y estar con la familia, es como si los hilos del estrés, generado por la jornada laboral, todavía dirigieran mis pensamientos y afectaran mi estado emocional.

 

Cuando más lo noto es en el momento de conectar con mi hijo. Es tal mi frecuencia mental, mi intensidad, que bajar a la suya, mucho más pausada y tranquila, me cuesta mucho esfuerzo.

 

Es en esos momentos de descompensación, en los que nuestros ritmos no están acompasados, cuando se crean tensiones entre nosotros. Yo no estoy al cien por cien prestándole atención y él, en su sabiduría natural, lo nota sin ningún problema. Es en esos momentos en los que suele reclamarme, recriminarme e, incluso, enfadarse y marcharse porque no le hago caso. Y yo, claro, pensando en lo que tengo que hacer al día siguiente o en cómo puedo mejorar algún asepecto de mi vida profesional. Y es entonces, cuando él llama mi atención con su respuesta tan natural y sincera, que salgo de mi esimismamiento y me obligo a prestarle una atención más respetuosa, sincera de verdad. De prestarle atención plena.

La importancia de la atención plena en la relación con nuestr@s hij@s

 

La importancia de la atención plena reside la capacidad que ésta tiene de generar unos lazos de confianza fuertes y duraderos con ellos. Y, seamos sinceros, el activo más importante que debemos desarrollar con nuestros hijos es la confianza.

 

Con el tiempo y la experiencia soy consciente de la necesidad de crear un lazo de comunicación y confianza fuerte en mi relación con mi hijo. Cuanto más atención le doy y cuanto más espacio le brindo para que él pueda expresarse, sin límites y con un interés sincero y amoroso, más comunicación y sinceridad recibo de su parte. Siento que es como un entrenamiento en el que él aprende a comunicarme sus pensamientos, sus ideas y sus estados emocionales. Sin tapujos, sin vergüenza, sin desconfianza. Y estoy convencido que esto ha sido el resultado de, en muchas ocasiones, forzarme a estar presente y prestarle una atención completa a lo tiene que decirme.

 

Lo bonito de esto es que veo cómo su carácter se va moldeando y cómo se va convirtiendo en un niño que sabe que es importante, que lo que tiene para decir es válido y necesario, que puede expresarse porque sus pensamientos e ideas son valiosas y, algo que me llena mucho porque sé que le servirá para el resto de su vida, sus emociones son algo natural de lo que se puede hablar sin reserva. Está desarrollando confianza y autoconsciencia, a la vez que amor propio.

 

No sé si ha sido tu caso, pero te hablo del mío y el de muchos de mi generación. En mi infancia lo que decía el niño no importaba, eran cosas de niño. Tu opinión no tenía importancia, eran cosas de niño. Tus emociones no eran importantes, sólo eran cosas de niños. Y así crecimos, sin la conciencia de lo fundamental que es saber reconocer y dar valor a nuestros pensamientos y a nuestras emociones.

 

Ahora somos nosotros los adultos. Ahora es nuestro turno. Hagámoslo bien 😉

 

Si te gustó esta entrada, ¡compártenos!

¡COMPARTE!

-También puede gustarte-